jueves, 19 de diciembre de 2013

Un regreso a un pasado puntual

Rebuscando entre mis papeles encuentro mensajes, notas, escritos que hacía tiempo no había vuelto a tocar.

Y hay uno especialmente, sobre el que me gustaría escribir. Es hora de analizarlo y reflexionar como ha ido cambiando mi vida al cambiar yo.

Hace cuatro años me sometí a una regresión para comprender por qué mi vida era como era en ese momento.

Quería saber cosas para poder ayudarme y salir de ese pozo de oscuridad en el que me hallaba.

Preparamos ese fín de semana con entusiasmo, aunque unos días antes mi cuerpo me anunció lo que iba a suceder en esa sesión.

En ese momento, que apareciese mi utero por la vagina, me asustó y mucho. Pero no lo relacioné con lo que iba a vivir el sábado hasta un tiempo después.

Comienza mi Regresión…

“Estoy paseando por un camino elevado. A mi izquierda y hacía abajo veo un montón de árboles muy grandes. Siento el ruido del agua… debe haber un río pero no lo veo.

Soy pequeña, muy pequeña, tengo la sensación de que debo tener unos cuatro años. Voy descalza y mi ropa es de tela de saco. Aspera y sin buena confección.

Voy muy contenta y feliz. Correteo según me adentro en el bosque. Hay un montón de árboles y arbustos con hojas pequeñas y muy verdes. La luz del sol atraviesa entre las hojas y da un color precioso a todo. Es de mañana.

Alguien me acompaña. Es un hombre. No sé quién es pero yo voy muy confiada como si le conociese o como si aunque no le conociese no me causase ninguna amenaza. Estoy muy confiada.

En ese momento mi mente comienza a pasar las imágenes muy deprisa. No consigo retener ninguna. Sólo busco una puerta de salida. Quiero salir de allí y busco la oscuridad o una puerta por la que escapar.

Comienzo a intuir que algo me está pasando pero no tengo claro el qué o no quiero saberlo.

Mi terapeuta insiste en que pare en algún sitio. Tras unos segundos o minutos (a mí me parece eterno), consigo que mi mente se pare en un cielo. Veo un cielo rojizo. Lo estoy mirando desde el suelo. Estoy tumbada en el suelo del bosque.

Me dice que vuelva atrás para ver que ha pasado. Me cuesta. De repente siento lo que me ha pasado. ME HA VIOLADO. Ese hombre que me acompañaba me ha violado. No le veo en ningún momento.Y mi mente fabrica imágenes de fieras que me están acorralando o atacando.

No lloro, sólo siento un vacío enorme. Algo me han arrebatado, mi inocencia, mi alegría, mi pureza, ya no soy la misma, sólo quiero levantarme y marcharme de allí.

No expreso ningún dolor, ni pena. Creo que me he quedado bloqueada o me he quedado en estado de shock.

Veo la escena desde fuera... como me levanto sin pensar, ni sentir... como me voy...

Mi terapeuta me indica que le lleve a mi casa. No la veo. No encuentro mi casa. Sólo veo bosque y más bosque. Me da la sensación de que ya es por la tarde.

Al final del camino la veo entre los árboles. Me parece que que voy ascendiendo y la veo en lo alto del camino. Bajo hacía ella. Está en un pequeño claro del bosque.

No se si la casa es así realmente, pero yo la veo como de cuento. Las paredes amarillas claritas, con vigas de madera y puertas y ventanas de madera. Muy grande. No sé si lo es o al ser tan pequeña me parece muy grande.

Entro en la casa. Veo una silla de troncos de madera muy ancha y grande. El respaldo son dos troncos cruzados. Veo una mesa de madera a su lado muy alta también. La casa está sin luz, sólo la que entra por unas ventanas que hay a la izquierda y otra detrás a mi derecha.

No hay nadie – mi terapeuta me indica que espere.

Veo un taburete o silla pequeña y me siento en ella cerca de la mesa, casí estoy bajo la mesa.

Cierro mis piernas y pongo mis manos en las rodillas y me quedo quieta esperando.

No siento, ni pienso. Sigo allí quieta, inmóvil con la mente cerrada o en blanco, no quiero que me vean.

Al rato siento que llega alguien. Miro a la puerta y entra un hombre afable y alegre con grandes bigotes rizados hacía arriba de color rojizo y de barriga muy grande. Viste de color amarillo una camisola ajustada con un cinturón. No es muy alto pero a mi me parece enorme.

Le reconozco, es mi padre. Entra en casa dando grandes pisadas y moviendo los brazos como en una marcha. No repara en mí. Entra hablando en alto y viene con alguien.

Veo a una mujer a mi izquierda, de espaldas a mí, con una larga trenza de cabello rojizo también. Está afanada en las tareas de la cocina parloteando con mi padre. Es mi madre.

Ninguno me mira ni me habla, es como si fuese invisible o como si yo quisiese ser invisible, no lo tengo claro si interiormente estoy pidiendo auxilio, o prefiero que no me pregunten, o que me hagan caso, pero nada, ellos siguen a lo suyo.

Hay un perrito pequeño blanco y con alguna mancha negra. Me está lamiendo las manos y es el único que me atiende. Me siento muy agusto con él, es mi amigo, él que me escucha internamente y él que me mima y atiende. Parece que fuese el único que se percatase de lo que me ha sucedido y me cuida.

En ese momento mi terapeuta me indica que vaya hacía delante a otro momento de esa vida.

Me veo como una joven de unos veinte años más o menos. Llevo una larga trenza y mi ropa consiste en un vestido o falda larga de colores grisaceos. Mi piel es muy blanca y mi pelo una mezcla de pelirrojo y rubio. Voy cargando algo. Creo que una lechera o una vasija grande. No lo tengo muy claro pero sé que es pesada.

Estoy en el camino creo que en dirección a mi casa. Es un camino que sube y estoy justo cuando empieza a bajar.

Escucho el ruido de un caballo que se acerca. Alguien se aproxima por mi izquierda. Estoy parada fuera del camino, en el lado izquierdo y no quiero mirar, incluso me doy la vuelta cuando se acerca el jinete. Siento miedo y no quiero parar. Le ignoro y continúo pero él se sitúa delante entorpeciéndome el paso. Se está riendo y burlando de mí, creo que es el mismo hombre de la otra vez.

Esta vez si le veo, es moreno con el pelo en melena corta y tiene bigote y perilla. Lleva un sombrero con una pluma o algo así. Por su ropaje parece un mosquetero.

Presiento lo que me va a hacer y mi mente se vuelve a ir quedando parada en un cielo oscuro en el que está anocheciendo.

Mi terapeuta no me permite salir y quiere que regrese, que vuelva a ese momento. Le digo que no quiero volver a vivirlo, que no quiero sentirlo de nuevo.

Pero regreso al momento viendo la escena desde fuera, como una espectadora.

Yo no le hablo y miro al suelo o a un lado de camino volviéndole la cara. Intento salir corriendo pero él me sujeta por los hombros y no me deja... no veo nada más pero siento lo que me ha hecho... ME HA VUELTO A VIOLAR.

Entonces mi terapeuta me dice que ya se acabo, que ya paso, que no tengo que volver a vivirlo y termina la regresión.” 


Tras la regresión me cuestioné un montón de cosas y analicé esa vida comparando con la que me había tocado vivir.

Parte del trabajo de la regresión era realizar un análisis psicológico de la situación. Entonces escribí en un tono frío y aséptico como si de otra persona se tratase: 

Debido a la violación esa niña queda turbada y en estado de shock, bloqueando su dolor y cualquier forma de expresar lo sucedido. No comprende nada, pero entiende que algo ha desaparecido de ella y que ya la vida no es igual.

Se vuelve callada, retraida, temerosa. Cree que lo sucedido debe ocultarlo como si ella hubiese hecho algo para merecerlo, como si fuese un castigo, una vergüenza, por miedo a lo que le puedan decir y a ser juzgada o reprendida.

A partir de ese momento siente que es observada como si todo el mundo lo supiese y como si llevase un cartel o una marca en la cara que dijese… “viólame, me dejo, no te denunciaré, ni haré nada para inculparte”, esto más bien lo he sentido en esta vida, supongo que ella lo que sentía era que no podía hacer nada para evitarlo porque las mujeres estaban allí para soportar eso y más.

Piensa eso, sobre todo cuando le sucede por segunda vez, aunque seguramente lo pasase en más ocasiones. 

Después debíamos analizar los paralelismos existentes en aquella vida con la actual y ahí fuí más consciente de por qué mi vida de ahora se parecía a la de aquella. 

Por desgracia aquella vida es igual que la actual. No de la misma forma pero si he sufrido abusos sexuales desde los 4 años, luego a los 8, a los 12, en la adolescencia desde los 17 a los 20 años aproximadamente incluso he mantenido muchas veces relaciones con mi ex sin querer hacerlo, pero me aguantaba.

Y sólo me he defendido cuando estaba sola, si el lugar donde estaba (autobus, metro,..) estaba muy concurrido me limitaba a bajar en la próxima parada, pero si estaba sola con la persona en cuestión si fui capaz de defenderme y enfrentarme pero ya con 18 o 19 años, antes no. 

Además tengo aversión por los hombres de uniformes sobre todo los relacionados con la seguridad nacional, local,... no me atraen e incluso les hago frente y les detesto.

Otra cuestión que debía responder es qué había arrastrado de aquello en esta vida: 

He arrastrado la vergüenza de ser así, de pensar que es mi sino y que no puedo hacer nada para luchar contra él, he asumido que esa es mi vida y lo tengo enterrado en lo más profundo de mi. 

Además debía analizar qué no había superado y cómo me afectaba: 

Evidentemente, es un hecho que aún no he conseguido superar. Se ve en mis actos y en mis relaciones afectivas en general, no sólo de pareja. No defiendo ni hago valer mis sentimientos, dejando a un lado mis cosas por no darles valor y pensar que las cosas de los demás son más importantes anteponiéndolas a las mias. 

Y por último me preguntaba qué ayudas tenía: 

Por suerte te cruzaste en mi camino. La terapía y los cursos han sido de gran ayuda, sobre todo para destapar y desvelar lo que he estado viviendo. Este último año está siendo duro e intenso pero a la vez muy práctico y resolutivo. Todo esto me ayuda a ver las cosas y enfrentarme a ellas por muy dolorosas que sean.

Por fín me he permitido llorar y sacar ese dolor que tenía muy dentro. Sé que no es suficiente pero al menos he encontrado la raíz de la cuestión.

Tengo momentos en los que pienso que que bien, que ya lo sé. Otras que pienso que vale, lo sé y ahora qué. No se si voy a poder superarlo y terminar con ello para siempre.

Me siento con estados de ánimos muy variables pasando de la alegría al llanto en pocos minutos. Me astian ciertos comportamientos de la gente.

Extraña, rara, muy pensativa y dándole muchas vueltas a la cabeza y triste pero a la vez contenta. Vamos que sólo me aguanto yo aunque se que por otro lado me estoy liberando y voy a poder superarlo.

Lo ves?Te digo en una frase una cosa y a continuación otra… pues así me encuentro. 


Han pasado cuatro años ya.

Cuatro años de continúo aprendizaje, pero ahora sin dolor, ni pesar... sólo con las ganas de aprender y seguir dando pasos hacía mi paz interior y la de los que me rodean.

No hay que olvidar el pasado, pero hay que tenerlo en mente sin dolor, desde el perdón.

Ya no me duele, ya no me juzgo, ya no lo permito.


Ahora me respeto. Atiendo mis deseos. No antepongo lo importante para mí.

Tengo prioridades, tengo metas y lucho por lo que quiero que sea mi vida.

No me olvido de los que tengo cerca, jamás, porque lo que hago para mí es lo que deseo para ellos.

Si he tenido que pasar por lo mismo que viví en siglos pasados, habrá sido para conseguir superarlo y arreglarlo en esta vida.

Y puedo decir que esa tarea ya está hecha. Ahora a cerrar capítulo para que mis descendientes no lo repitan.

Fue una regresión muy dura para los espectadores que existían en aquel momento, pero para mí fue algo más de mi vida y lo viví de otra manera muy diferente a ellos.

No había tanto dolor, al menos aparente en aquel momento, porque estaba recordando mi vida y la sentía como algo normal en mí.

Ahora que lo leo pasado este tiempo, sigo teniendo las imágenes muy presentes en mi cabeza. Incluso recuerdo más detalles de los que había escrito, pero mis sentimientos son diferentes. 

También recuerdo cada una de las veces que he sido humillada y violada en esta vida. Esas cosas no se olvidan, y mira que tengo lagunas y recuerdos perdidos, pero... estas vivencias ahí quedan.

Cuando leo el analisis posterior y mis reflexiones veo a una Esther muy diferente a la que soy ahora.

Ya no me siento perdida. Ahora sé como afrontar las cosas. Veo mi evolución y me siento feliz, orgullosa y contenta por ello.

Fuí afortunada al poder destapar ese lastre que acarreaba desde hacía muchas vidas.

En este momento de mi vida y de mi aprendizaje continúo con más terapias. He conocido a una persona muy interesante que hace un gran trabajo.

Fué necesario hace pocos meses hacer una limpieza de ancestros paternos y maternos.

Se sorprendió al comprobar que por ambas ramas existían abusos. Generaciones tras generaciones han vivido y sufrido lo mismo que yo.

Colaboré en lo que me pidió a la hora de limpiar a mis antecesores. Aquellos que se quedaron perdidos por el dolor, por la rabia, por los celos, por la envidia, por la mentira, por la mala conciencia... asesinatos, embustes, hijos no reconocidos, hijos abandonados, abusos, engaños... forman parte de mi pasado y ese lastre fue heredado por mi familia.

Agradezco esa limpieza profunda que sé que va a traer cosas buenas a mi hogar, al de mis padres, al de mis hermanas y seguro que al de mis hijos.

Sé que me olvido de muchas cosas, pero lo que fluye de mi mente quiero que quede escrito para no olvidarlo jamás.

Quizá me arrepiente de no haber escrito durante toda mi vida todo lo pasado, todo lo vivido, para ahora poder recordar o escribir en profundidad sobre mi vida con la idea de ayudar a los demás.

No quiero riquezas ni reconocimientos, sólo quiero que mi paso por esta vida sirva de ayuda a la humanidad. Quizá suene pretenciosa pero lo escribo desde la humildad y preocupación por un mundo mejor.

Sé que las personas aprendemos de errores, que por mucho que nos digan o leamos no vamos a hacer caso más que a nuestras vivencias.

Pero aún así, no me asusta eso y seguiré escribiendo lo que recuerde, lo que sienta y lo que salga de mi mente y de mi corazón.

Este fue el recuerdo de un pasado superado no deseado, no olvidado... quizá mañana encuentre un futuro no olvidado pero si vivido como deseo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Amor conversante

Hay algo que siempre quise hacer y que por fín puedo hacerlo: hablar con amor y sinceridad con mi primogénita.

Con las nuevas tecnologías usamos mucho el whatsapp para acercarnos y conocernos.

Y cuando va a casa de su padre aprovecha siempre para mantener el contacto y expresarme su malestar.

Cosa que aprovecho para hablarle de nuestras vidas, de lo que fué, de lo que es y de lo que podemos mejorar para vivir en armonía, paz y tranquilidad y ser mucho mejores personas.

Es un gran apoyo para mí y mi cómplice en que todo funcione mejor en nuestro hogar.

Y aquí dejo nuestra última conversación íntima y profunda, para que no se olvide, para que quede en el recuerdo y nos ayude a acercarnos mucho más.
....

Mamá: Que te dejen un ordenador. Dile a papá que se ha roto el tuyo. 

Hija: Papá está de mala hostia, así ke paso de hablarle.

Mamá: Por? Qué le pasa?

Hija: Nada, se ha cabreado porque le he preguntado que si íbamos a ir al circo. 

Mamá: Y?

Hija: Yo que sé. Le he dicho ' oye vamos a ir al circo?' y se ha cabreado.

Mamá: Qué ha dicho?

Hija: No sé, ni le he escuchao.

Mamá: No entiendo.

Hija: Ni yo
...

Mamá: Se ha molestado mucho por tu pearcing? Me va a denunciar? Jajajaja. Me meo, jajajaja.

Hija: Jajajajajaja, yo ke sé mama, kee está fatal

Y aquí comienza la reflexión e información a mi hija. Espero que algo de mi mensaje vaya calando en ella... porque deseo que su vida sea mucho mejor que la mía.

Mamá: Que pena y triste es su vida. Siempre enfadado.

Hija: Es un amargao. 

Mamá: Si os noto que cuando venis de estar con él que venis enfadados, protestones, mandones... 
Sabes una cosa? Me encanta que vivamos tranquilos y en paz, que podamos hablar respetándonos, nos escuchemos...

Hija: Pues sí, no como en esta casa que están tol día con cara de odio y asco. No se puede hablar ni hacer na, y te están tol día regañando y mirando mal x cada cosa ke haces o dices

Mamá: Valora lo bueno que tienes. Aprendamos a vivir en armonía. Hay muchas cosas que tenemos que aprender para vivir en familia. Ayúdame a que seamos mucho más felices. De acuerdo?

Hija: okeeii

Mamá: Gracias cariño. Me gusta mucho que hablemos.

Hija: Ya, y a mí.

Mamá: Aunque a veces no nos entendamos quiero que sepas que te quiero mucho y que quiero verte feliz

Hija: Yo taambién mamá , ya lo sabes.

Mamá: Empezamos por cosas sencillas?

Hija: Como qué?

Mamá: Me encantaría que todas las noches cenasemos juntos y charlasemos de nuestro día o de lo que nos apeteciese. Las veces que lo hemos hecho ha sido maravilloso. 
Me gusta estar con vosotros y que compartamos lo que nos pasa.

Hija: Pues lo hacemos.

Mamá: Gracias. No vale irse de la mesa, que te conozco, jejejejeje

Hija: Jajaja, vale, vale.

Mamá: Que bonita eres mi vida. Me siento muy feliz de que seas mi hija. Soy afortunada porque me hayas querido como madre.

Hija: Y yo de ke seas mi mami, gracias por todo.

Mamá: Te estoy dando un abrazo, que lo sepas, aunque sea virtual. Jejejeje. A veces hecho de menos que te acurruques a mi lado como cuando eras pequeña. Si te apetece hacerlo no te cortes y hazlo.

Hija: Vaaale mami.
...

Mamá: Sonríe ante lo que no te guste. En casa de papá intenta no estar enfadada. Y sonríe.

Hija: Es imposible no estar cabreada aki.

Mamá: Prueba. Es lo mejor para ti. Abstraete de lo malo y sonríe. De lo peor se aprende más. 
Qué valoras o agradeces cuándo estás allí?

Hija: Nada.

Mamá: Cómo que nada?

Hija: Claro ke na.

Mamá: No agradeces la tranquilidad que hay en casa? No valoras que se te quiera y respete?

Hija: akii?!!!!!

Mamá: No, en nuestra casa.

Hija: Ah!!! Claro, ahí sii.

Mamá: Son dos casas dónde tienes que estar. Dos hogares totalmente diferentes. Si algún día tienes que crear tu hogar, cómo te gustaría que fues?

Hija: Pues como la nuesstra.

Mamá: Y cómo es nuestro hogar?

Hija: Pues no sé, jaja

Mamá: Jajajaja. Eso no vale. Hay que implicarse y decir algo.

Hija: Si ya lo sabes.

Mamá: Quiero que lo digas.

Hija: Pues yo ke sé... hay libertad, trankilidad y no es una dictadura.

Mamá: Y hay mucho amor y respeto y más que tenemos que poner.

Hija: yaa.

Mamá: Mira, veo celos y envidias entre mis hermanas y entre los de tu padre. Los ví en los hermanos de mi padre y de mi madre. Y siempre me dije que si algún día tuviese hijos me haría muy feliz que se llevarán bien, se quisieran y se respetarán. 

Es algo que ha mejorado mucho, pero que tenemos que seguir mejorando.

No sé que os espera en la vida y que apoyos vais a necesitar, y que mejor que un hermano y hermana para abrazarte y amarte si lo necesitaseis? 

Esa es otra cosa de las cosas que me encantaría que consiguiesemos en nuestro hogar. 

Ganaríamos en tranquilidad y en vivir en paz, armonía y cariño, mucho cariño.

Hija: Pues se intentará.

Mamá: Gracias, eso ya es casi un sí. Vamos a ser muy felices, ya lo verás. Y no dejes de sonreír nunca.

Hija: Vale, vale.

Mamá: Eso quiere decir que me caye? Jaja. Mucha charla de golpe, no? Bueno, ya paro. Pasa una feliz tarde de domingo e intenta observar por qué la casa de papá es cómo es.

Hija: Jajaja, porke son todos retrasaos.

Mamá: Saca lo bueno y desecha lo malo. Según vayas aprendiendo y creciendo iremos comentado más cosas.

Hija: Vale mama.

Mamá: Muasss!!! A comer.

Hija: Hasta dentro de mucho akí no se come.

Mamá: Por? Si son casi las tres.

Hija: No sé, hasta ke hagan la comida y todo. Hasta las 4 o por ahí.

Mamá: Osea que nada de circo. No llegáis ni de coña.

Hija: Claro ke no, si no vamos a ir. Acuérdate lo ke te he dicho antes.

Mamá: Ya, pero como a veces gruñe y luego va...

Hija: Tiene ke trabajar, como siempre.

Mamá: Dichoso trabajo. No cambiará. Lo antepone a todo y se pierde vivir. Por eso vive amargado.

Hija: Ya, pero bueno.

Mamá: Sabes? En esta vida hay que aprender a priorizar. 

El trabajo es necesario para poder pagar y comer. Pero lo importante es los hijos, el ocio, lo que te gusta hacer, uno mismo, los amigos...

En definitiva hay trabajar para vivir, no vivir para trabajar como hace tu padre. Mientras no aprenda eso no va a ser feliz. Yo intenté que se diera cuenta de eso y no fue posible. Y como yo no quería eso en mi vida, ni en las vuestras decidí divorciarme. Por eso y por muchas más cosas. 

Seguramente me equivoque en muchas cosas. A veces no sé como hacer las cosas para que todo sea mejor, pero lo que tengo claro es que hay que vivir felices y no amargada. Y cuando veo que me amargo analizo el por qué e intento cambiar las cosas.

Hija: Como debe ser.

Mamá: Aprendo mucho de vosotros. 

Cuando a veces me dices que estoy amargada reflexiono después, aunque en ese momento te conteste mal. 

Nadie dijo que la vida fuera fácil, pero creo que sí se puede hacer muchas cosas para que mejore. 

He estado mucho tiempo, tras divorciarme, perdida y sin saber cuál era el camino a seguir. 

Quizá no te haya atendido en momentos que me necesitabas, pero es que necesitaba encontrarme bien y fuerte para poder ayudarte a ser feliz. 

Habrás notado muchos cambios en casa. Mucho desorden y descontrol. Ahora estoy en una etapa de reorganizarnos y eso cuesta al principio. 

Soy pesada con que tengáis la habitación ordenada, o que no dejéis cosas tiradas por la casa, o el baño desordenado o la cocina patas arriba... Con los estudios, etc, etc. 

Pero es para organizar nuestras vidas. Y no me refiero a organizar simplemente la casa, sino nuestro interior. No sé si me explico bien, cariño. Me comprendes?

Hija: Te comprendo.

Mamá: Eres muy adulta.

Hija: Se intenta.

Mamá: Desde pequeña te ha tocado hacerte mayor antes de tiempo. Siempre me daba pena verte crecer deprisa por las circunstancias que te ha tocado vivir. 

Un hogar roto es duro para todos, sobretodo para los niños. Y nunca hemos hablado de lo que sentiste o de lo que pasó por tu cabeza. Justo tenías ocho años. Una edad muy importante en la vida de una persona. Yo recuerdo esa edad de manera especial. Parece que es cuando se pierde la inocencia y comienzas a ver la vida de otra manera, dejas de ser niña. Tu cómo lo pasaste?

Hija: No me acuerdo, pero no me afectó.

Mamá: Si te afectó. Sentias pena por mí porque me veías sola. Una vez me preguntaste si tenía novio, había pasado tres meses que se había ido papá de casa. Te dije que no y me dijiste:"pobre, claro, quién te va a quere con lo fea que eres". Me miraste con muchísima pena.

Hija: Ya me lo contaste

Mamá: No lo recuerdas, verdad? Yo recuerdo mis ocho años y tu has olvidado todo lo que sucedió en ese tiempo. La mente humana olvida las cosas que no quiere recordar. Yo no recuerdo casi nada de lo que viví desde que me casé hasta que me quedé embarazada de ti. Y no quiero recordarlo. 

Me devolviste la vida mi amor, cómo no voy a quererte, jodia, jajajaja. 

Un día te voy a enseñar las fotos del verano anterior al divorcio. Son vuestras. Los tres tenéis una felicidad y unas sonrisas preciosas. Nunca más habéis recuperado esa felicidad. Dejasteis de ser niños sin preocupaciones. A partir de ahí vuestros ojos son diferentes y vuestro rostro: Triste. Así que quiero verte sonreír y que tus ojos brillen de felicidad.

Hija: Sii yo soy feliz cuando no estoy aki...


Es bonito acercarnos a nuestros hijos y que sepan que les queremos y les escuchamos, incluso saber que nos escuchan y aman.

Que comprendan que somos humanos como ellos, que tenemos nuestros miedos, que aprendemos de nuestros errores.

Si somos sus referentes que no crean que somos perfectos ni insensibles porque limitamos sus forma de expresarse, de comportarse... no debemos avergonzarnos de ser personas con defectos ni creernos mejores que nadie por nuestras virtudes.

Insisto e insistiré sobre la responsabilidad que tenemos al ser madres y padres. Nosotros no tuvimos padres con la formación y conocimientos que nosotros tenemos ahora. Por supuesto que ellos lo hicieron lo mejor que pudieron y que nosotros debemos hacerlo lo mejor que podamos, pero cuando se es consciente de que lo que hagas por tus hijos en temas de su educación (a todos los niveles, no sólo académica), por su aprendizaje, por su saber estar y comportarse... será fundamental para su vida de adulto, es entonces cuando no debemos mirar hacía otro lado y armanos de amor y paciencia para afrontar esta grande, trabajosa y preciosa tarea.

El amor de una madre hacía sus hijos debe superar todos nuestros miedos y cobardías.

Adelante valientes,  tenemos un gran y maravilloso trabajo que hacer: Formar y acompañar al futuro.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Mentiras en Pascuas


¡Navidad, días de reunión familiar!.

¡Que absurdo!, no quieren verte durante todo el año y aprovechan estas fiestas para querer lavar la mala conciencia acumulada en el año.

Ya ni siquiera se recibe una llamada de teléfono o una visita. Las nuevas tecnologías impersonales y frías protegen al cobarde.

Descubres whatsapps invitándote a cenar "todos juntos", cuando las veces que has intentando reunirlos durante el año siempre has recibido una escusa.

Personas que no te quieren, que te critican, que te juzgan, incluso puede que te envidien, y ahora son capaces de usar el cinismo y la hipocresía porque en la foto no falte nadie.

Vivir de cara al exterior y parecer las mejores personas del universo, para quedar de lujo frente a sus amigos y conocidos.

Cómo quieren que con este planteamiento nos gusten las navidades?

Año tras año las rechazamos convencidos de que mienten cada vez más.

Que nos dejen tranquilos. No queremos que "nos quieran" en esos pocos días. 

Este es nuestro mundo real y verdadero en el que rechazamos la mentira. Dejadnos tranquilos, queremos continuar en nuestra burbuja de normalidad, de paz y de armonía.

Dame amor todos los días, y sino va a ser así... ¡Márchate y no molestes!.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Buscando lo necesario

Vuelvo a replantearme mi situación.

Por un lado me siento dichosa y feliz. Por otro veo que dejo de vivir y sonreir como antes.

Hace mucho que no me carcajeo y no sé aún si es lo que debe ser o no.

Me atacan las responsabilidades por todos los flancos. Responsabilidades, casi todas, a las que quiero hacer frente.

Pero tampoco me atraen las posibilidades de ocio que se me ponen delante. Me parecen aburridas, lo de siempre, que no me aportan nada.

Es como si hubiese llegado a un momento en lo que nada me atrae. Me siento inapetente.

Tampoco sé por dónde empezar a cambiar o si debo cambiar.

Tengo la sensación de haberlo hecho todo y no encuentro nada nuevo que me atraíga. Al menos nada que me haga reir a carcajadas.

Mi risa suena diferente, prácticamente sólo me sonrío.

Tampoco encuentro compañías que me agraden, ni me apetece quedar con las antiguas amistades o conocidos.

Me siento distante del pasado.

Estaré en el camino?
Me habré salido sin darme cuenta?
Qué señal me indica si lo estoy haciendo bien o mal?
Quizá mis dudas ya indican que algo no va bien?

Tengo ganas de divertirme, es cierto. De hacer algo que me haga sentir descansada y libre, pero no sé el qué.

Observo y nada me gusta.

Simplemente me dedico a hacer lo que tengo que hacer, a responder ante mis obligaciones y responsabilidades. Que ésto está muy bien, pero y el ocio dónde queda?

Tengo que sacar mi tiempo para atenderme, para cuidarme, para vaciarme, para relajarme, para divertirme.

Pero mi idea de diversión dista mucho de lo que he hecho hasta ahora, más que nada porque lo de siempre ya no me divierte.

Apatía total.

Debo vaciar la mente.

Tengo que buscar lo que me haga distraerme de la rutina actual.

Ando en mi búsqueda hacía lo desconocido.

Lo necesito porque no quiero sentir que me apago, no quiero tener la sensación de falta de tiempo, de cansancio, pero... qué será lo que necesito?

Expulsando lo que daña

El cristal de la ventana se encontraba empañado mientras los esfuerzos se concentraban en evacuar lo que le dañaba del vientre.
Agarrábase a las paredes debatiéndose entre el retortijón y la tiritona que le producía tremenda injuría.
Las gotas de sudor resbalando por su frente y sus mofletes que se expandían mientras sus labios se apretaban en una mueca grotesca y divertida.
Nariz aleteada, garganta obturada, puños que se aprietan concentrando la rabia acumulada de tanto soportar.
Y de repente fluye. Se liberó tras el espasmo.
El rostro que se relaja mientras una exhalación de placer se escapa a través de su cavidad nasal teñido de un olor penetrante fruto del ensordecimiento previo de aquel desencadenante estruendo.
Se acabó. 
Ruido estrepitoso de un caudal que se deja caer hacía lo más profundo del subsuelo. 
Y fin. Todo acabó. Quedando espacio libre para lo bueno que está por venir.

Recuerdos empañados


El cristal de la ventana se encontraba empañado en sus recuerdos.

No conseguía recordar. 

Tenía múltiples lagunas de los sucesos acaecidos en aquellos amargos y duros años de su vida.

No le importaba. No quería recordar. 

Sabía que de hacerlo su sufrimiento sería tan intenso y profundo que prefería vivir con esos años carentes de memoria.

Ya no temía sentirse avergonzada. Ya no se culpaba. 

Pero no quería perder su tiempo en esforzarse por averiguar aquello que la hizo infeliz y la alejó de sí misma.

Aquello era el pasado. Un pasado por el que jamás volvería a caminar, ni tan siquiera, para comprobar si era libre.

¡No quiero! – se decía. 

¡No insistas! – le decía. 

Mi mente ha querido olvidarlo – murmuraba mientras respiraba profundamente y su mirada se tornaba tras esa ventana de vidrios empañados.

martes, 10 de diciembre de 2013

Retazo en mí


Su mirada perdida tras el cristal.

Ensimismada en sus pensamientos o en su no pensar.

La dulzura de su rostro envejecido.

Su sonrisa suave.

Sus ojos llenos de luz.

Corazón que se agranda de emoción.

Lluvia en mis ojos.

Anhelo de lo que está por vivir.

Ganas de crear.

Ganas de sentir.

Peso responsable que le impide salir.

Mientras sol y luna la acompañan sin fin.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Tu mierda es tuya

Cada día lo mismo…

Mis compañeros que viven pendientes del otro. Somos cuatro y se pasan todo el santo día criticando lo que hace.

Que si se toma el zumo a las ocho cuarenta y cinco.

Que si llama a su madre a las ocho para decirle lo mal que ha dormido porque se ha despertado su hijo mediano gritando.

Que si a continuación va a cagar… “Has visto, siempre caga a la misma hora”.

Que si se duerme a última hora del día.

Que si no hace nada y sólo mira a toda persona que pasa”.

Que si esto, que si lo otro…

Parece divertido al principio, pero cuando llevas escuchando y observando lo mismo cada día durante años y años... te das cuenta de que sus tristes vidas se alimentan de criticar y juzgar al otro…

Ufff, cuanto aburren, como cansan, cuanto repelen...

Solución!!!!! Unos buenos cascos en las orejas y a escuchar buena música hasta que acaba la jornada.

Aislamiento elegido, no deseo contagiarme de su mierda!!!!!

Regalos inaceptables



El sonido del móvil me saca de mi ensoñamiento habitual. Un mensaje mínimo sorprendente.

-…“Nunca me has gustado”, “No encuentro nada bueno en ti”…- y un montón más de mensajes amenzantes e imperantes. 

Siento la rabia en cada palabra. Las ganas de insultarme y si pudiese de abofetearme.

Me sonrío.

Hace tiempo tiempo me peloteaba y me decía que me quería, pero como no pudo manipularme ni llevarme a su “clan…

Continúo sonriéndome. Pienso en lo que presumimos de bondad y de amor…

Vendemos que el reiki es la sanación. Quizá no entendió que para sanar primero hay que sanarse uno mismo. Pero el negocio impera. 

Cuanto queda por aprender. Aprenderemos?

Me siento como el viejo samurai… La rabia es tuya. Gracias, pero no acepto tu “regalo”.

martes, 3 de diciembre de 2013

Aprendiendo del perdón



Lo siento mucho! No deseaba sacar mi rabia ni mi dolor hacía tí.

Perdóname, por favor!. 

Haré todo lo que esté en mi mano para que no vuelvas a sentir mi desaire y mí sin razón.

Gracias por haberme hecho sentir tan mal. 

Gracias por haberme ayudado a reflexionar. 

Gracias por haberme hecho entender.

Por todo ello… TE AMO!.

... Y la paz y la tranquilidad llego a su vida. SE LIBERÓ!.